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sábado, 1 de junio de 2013

SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.

XLI

La demanda prevista por el Tesoro español, en base a las informaciones solicitadas por los inversores interesados, era superior a la cantidad de Obligaciones ofertadas, lo que hacía bajar el tipo de interés y permitiría vender más deuda de la prevista por un precio menor. «Por lo visto», pensó Carlos «las circunstancias son propicias, aunque son similares a las que existían la semana pasada en la deuda portuguesa y al final se torció». Carlos no andaba desencaminado; los analistas económicos y financieros habían achacado la subida de los intereses de la deuda portuguesa a un comportamiento defectuoso del mercado, debido básicamente a una demanda ficticia procedente de diversos países que había provocado una oferta mayor de la que podía soportar el propio mercado, lo que encareció los intereses que Portugal debía pagar. Y aunque sospechaban lo que había pasado, desde luego nadie había sido capaz de encontrar a los “responsables”. Y era descabellado e imposible de probar, pero Carlos sabía quién había sido el causante de este comportamiento anómalo del mercado de deuda: Enésimo de Gea, tenía que ser él. Aunque no tenía la menor idea de cómo lo había hecho; quizás debiera hablar con alguien que supiese de estos temas, aunque no conocía a nadie. Para Solares todas estas cosas de mercados y deudas soberanas eran tan inextricables como la física cuántica, más incluso.
Para hacer más amena la espera se conectó a Facebook para ver que se cocía por ahí, y a Spotify para escuchar algo de música.
Pasó una hora y media y la subasta se había dado por concluida. Y de nuevo, en contra de todas las previsiones, había tenido un resultado bastante negativo para las aspiraciones españolas. Se habían colocado 2700 millones, algo más de lo previsto, pero a un interés del 4,8 por ciento, superior en dos puntos porcentuales al que se pagó en la última subasta de obligaciones, lo cual tenía poco sentido, por un lado porque las condiciones no solo no habían empeorado, sino que mas bien habían mejorado un poco, y por el otro porque  la prima de riesgo española se había relajado bastante, lo cual debería haberse traducido en unos intereses menores en las subastas de deuda. Así había pasado al menos en la subasta que se celebró dos semanas atrás. Aunque en aquella ocasión se habían subastado bonos a seis y doce meses, es decir, a medio plazo, y las obligaciones de hoy eran a largo plazo. Carlos consultó el tipo de deuda subastada por Portugal la semana pasada: era deuda a largo plazo, a 12 y 15 años. «Que curioso», pensó. Solares buscó anteriores subastas del Tesoro luso, y hacía un mes se habían subastado bonos a corto plazo, y en aquella ocasión los intereses bajaron respecto a las subastas anteriores, igual que en España; ¿se trataba de un patrón? era muy pronto para decirlo. Tendría que investigar más, y ahora no podía ponerse a ello.
Carlos apagó el ordenador y fue a lavarse los dientes. Pensaba pasar el día entero en Imaginio e la Falsaria, así que no volvería a León hasta la noche.
(CONTINUARÁ) 

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