XLI
La demanda prevista
por el Tesoro español, en base a las informaciones solicitadas por los
inversores interesados, era superior a la cantidad de Obligaciones ofertadas,
lo que hacía bajar el tipo de interés y permitiría vender más deuda de la
prevista por un precio menor. «Por
lo visto», pensó Carlos «las circunstancias son propicias, aunque son
similares a las que existían la semana pasada en la deuda portuguesa y al final
se torció». Carlos no andaba
desencaminado; los analistas económicos y financieros habían achacado la subida
de los intereses de la deuda portuguesa a un comportamiento defectuoso del
mercado, debido básicamente a una demanda ficticia procedente de diversos
países que había provocado una oferta mayor de la que podía soportar el propio
mercado, lo que encareció los intereses que Portugal debía pagar. Y aunque
sospechaban lo que había pasado, desde luego nadie había sido capaz de
encontrar a los “responsables”. Y era descabellado e imposible de probar, pero
Carlos sabía quién había sido el causante de este comportamiento anómalo del
mercado de deuda: Enésimo de Gea, tenía que ser él. Aunque no tenía la menor
idea de cómo lo había hecho; quizás debiera hablar con alguien que supiese de
estos temas, aunque no conocía a nadie. Para Solares todas estas cosas de
mercados y deudas soberanas eran tan inextricables como la física cuántica, más
incluso.
Para hacer más amena
la espera se conectó a Facebook para ver que se cocía por ahí, y a Spotify para
escuchar algo de música.
Pasó una hora y
media y la subasta se había dado por concluida. Y de nuevo, en contra de todas
las previsiones, había tenido un resultado bastante negativo para las
aspiraciones españolas. Se habían colocado 2700 millones, algo más de lo
previsto, pero a un interés del 4,8 por ciento, superior en dos puntos
porcentuales al que se pagó en la última subasta de obligaciones, lo cual tenía
poco sentido, por un lado porque las condiciones no solo no habían empeorado,
sino que mas bien habían mejorado un poco, y por el otro porque la prima de riesgo española se había relajado
bastante, lo cual debería haberse traducido en unos intereses menores en las
subastas de deuda. Así había pasado al menos en la subasta que se celebró dos
semanas atrás. Aunque en aquella ocasión se habían subastado bonos a seis y
doce meses, es decir, a medio plazo, y las obligaciones de hoy eran a largo
plazo. Carlos consultó el tipo de deuda subastada por Portugal la semana pasada:
era deuda a largo plazo, a 12 y 15 años. «Que curioso», pensó. Solares buscó
anteriores subastas del Tesoro luso, y hacía un mes se habían subastado bonos a
corto plazo, y en aquella ocasión los intereses bajaron respecto a las subastas
anteriores, igual que en España; ¿se trataba de un patrón? era muy pronto para
decirlo. Tendría que investigar más, y ahora no podía ponerse a ello.
Carlos apagó el ordenador y fue a lavarse los
dientes. Pensaba pasar el día entero en Imaginio e la Falsaria, así que no
volvería a León hasta la noche.
(CONTINUARÁ)
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