TRATADO FILOSÓFICO-CIENTÍFICO
SOBRE LA INEVITABILIDAD COSMOLÓGICA DE QUE EL PAN DE MOLDE SE APACHURRE EN LA
BOLSA DE LA COMPRA. PARTE 2ª de 2 (por Jose Vicente Ramos Alonso).
La tercera de las posibles explicaciones
que pugnan en mi cabecita atolondrada es el Karma, esa fuerza cósmica que mueve
los hilos de nuestra existencia, y que si bien se parece a la explicación que
dimos en segundo lugar, a saber, las fuerzas del Universo, el Karma es algo
diferente. Según los que abrazan esta creencia milenaria, recibes aquello que
das; si tratas mal a la gente te pasarán cosas malas, y si la tratas bien te
sucederán cosas buenas. Es todo un decálogo de conducta, tremendamente simple,
y que yo comparto en parte, pues parece claro, a priori, que si haces el bien,
si te comportas adecuadamente en tu cotidianeidad, te pasarán cosas buenas; en
cambio, si te comportas como un chanchullero, si siempre estás engañando, tarde
o temprano te encontrarás con alguien más chungo que tú que te dará tu
merecido. Sin embargo, esto no siempre se cumple, por lo que no puede tenerse
como una ley natural, es decir, aquella que rige siempre y en todo caso, aunque
las condiciones sean diferentes. Conozco a mucha gente buena a la que le pasan
cosas malas; esto bastaría ya de por si para desechar la explicación del Karma.
Pero vamos a aplicar la regla del
Karma a nuestro tema de análisis, es decir, al pan de molde y a su inclinación
a aplastarse en la bolsa de la compra. Si yo considero que las rebanadas de pan
deben ser perfectamente cuadradas, el hecho de que pierdan su forma sería algo
malo para mí; por lo que si tal cosa sucede es, según la tesis del Karma,
porque he llevado a cabo una mala acción, y se me está castigando por ello. El
otro día fui a comprar por la mañana, a eso de las once, y antes no había
tenido trato alguno con ningún ser vivo, salvo con mi gata Calcetines, por lo
que no tuve ocasión de hacer el mal; ¿por qué entonces el Karma me castigó e
hizo que se me aplastase el pan de molde? A fe mía que ese día no había tenido
tiempo de conspirar aun ¿o es que el Karma guarda cuenta de las cosas malas que
hacemos y se venga cuando le apetece? Como forma de aleccionar no me parece muy
correcta, pues si se te castiga lo suyo sería saber porqué, para que aprendas y
no vuelvas a hacerlo; no me resulta muy práctico el tener que apuntar todas las
malas acciones para ver si el Karma y yo tenemos saldadas las cuentas. En suma,
dudo de la existencia del Karma como fuerza real y perceptible, por lo que no
me parece que la razón de que el pan de molde se aplaste sea un castigo de
aquel.
Una cuarta posible razón es la
suerte: a mi se me aplasta el pan de molde simplemente porque he tenido mala
suerte. La suerte, sea buena o mala, es, por definición, excepcional; es decir,
es aleatoria y extraordinaria, por lo que lo lógico sería que si la suerte
rigiese el destino del pan de molde este sólo se aplastase una vez de cada mil,
ya que la suerte solo se atribuye a aquello que está fuera de lo común, para
bien o para mal. Cuando alguien gana la lotería decimos que ha tenido buena
suerte, dado que ganar es poco probable; y cuando un rayo alcanza a una persona
decimos que ha tenido mala suerte, dado que es prácticamente imposible que un
rayo impacte en un humano. En el caso concreto que analizamos, y dado que lo
común es que el pan de molde se apachurre, la suerte solo puede afectarle
positivamente, es decir, solo podríamos decir que hemos tenido suerte porque el
pan no se ha aplastado; pero no podemos decir que hemos tenido mala suerte si
se nos ha deformado en la bolsa, simplemente porque eso es lo común, esto es,
es lo normal que el pan se aplaste, por lo que si a mí concretamente se me
aplasta no habré tenido mala suerte, me ha sucedido lo que suele suceder en la
gran mayoría de los casos. Por lo tanto esto no es cosa de la suerte, y ello
con independencia de que yo crea o no en ella, que más me inclino por lo
segundo.
También se me viene a la mente
como explicación la casualidad; la casualidad es algo que en si mismo carece de
sentido, si se piensa, como pienso yo, que todo se rige en el Universo por unas
reglas físicas, perfectamente observables, comprensibles y lógicas, unas leyes
estas que son inmutables y que explican por si solas todos los acontecimientos
que suceden. Por lo tanto, no creo que mi bolsa de pan de molde se aplaste por
casualidad, porque pienso que este Mundo se rige por unas normas que impiden la
existencia de aquella.
Y de la explicación anterior, a
saber la casualidad, bueno, mas bien de su negación, se deriva la última de las
teorías posibles que explica el porqué de la mutación que sufre el pan de molde
de su estado cuadrado a su posterior forma indefinida, y que yo tengo por la
verdadera: el pan de molde se aplasta por la acción de las normas físicas que
rigen el Universo. Cuando yo voy a hacer la compra tiendo a meter varios
productos en la misma bolsa, cosa nada novedosa porque es lo que hace el común
de los mortales; pues bien, la bolsa tiene un espacio finito, es decir, solo cabe
una cantidad determinada de productos en ella. Ello de por si significaría que
si yo lleno la bolsa estaría cubriendo todo su espacio, de tal suerte que no
cabría ni un solo átomo más en ella; pero esto no es verdad, ya que los
distintos productos que podemos comprar tienen formas muy diferentes, y muy
distintos tamaños, por lo que en una bolsa llena siempre quedan espacios vacíos
que la fuerza de la gravedad, unida con al movimiento de la bolsa y de su
contenido, tienden a llenar, dado que, según la más elemental ley física, todo
objeto con masa ocupa un espacio vacío. Así, mientras nosotros vamos con
nuestra bolsa de la compra desde el supermercado hacia nuestra casa, los
productos van asentándose inevitablemente, a causa, como decimos, del
movimiento y de la gravedad, ocupando los espacios vacíos, cambiando de
ubicación. Por mucho que nosotros pongamos el pan de molde en la parte superior
de la bolsa de la compra, el movimiento y la gravedad van a variar su
ubicación, movimiento que, unido al de el resto de productos, y en conjunción
con la escasa consistencia que el pan de molde tiene por naturaleza, derivada
de su ternura, conlleva la inevitable deformación de nuestro pan perfectamente
cuadrado. Por lo tanto, este hecho tiene, como cualquier otro, una explicación
científica, lógica y racional.
Se me puede decir que la ciencia
no es capaz de explicar todo lo que sucede, a lo que yo he de responder que eso
no es cierto, simplemente pasa que la ciencia aun no ha encontrado esa
explicación, lo que no es lo mismo que decir que no existe.
Averiguada entonces la razón que
explica que el pan de molde se aplaste en nuestra bolsa de la compra, cabe
preguntarse qué se puede hacer para evitarlo. Está claro que meterlo en la
bolsa con el resto de productos no funciona, pues inevitablemente se va a
aplastar, sobre todo si metes varias bolsas en el maletero de tu coche. Aunque
no nos engañemos, pues también sucede si vas andando a hacer la compra. La
única solución es meter el pan de molde en una bolsa, él solo, sin nada que lo
pueda comprimir. Pero nunca lo dejes en el maletero, ponlo siempre junto a ti
en el interior del coche, en el suelo, nunca en un asiento, porque un frenazo
lo puede lanzar y aplastar. Aunque sin duda la mejor manera, la más segura, es
ir al supermercado única y exclusivamente a comprar pan de molde, sin bolsa, y
llevarlo a tu casa en brazos. No es la primera vez que se me ve por mi barrio
con una bolsa de pan de molde en los brazos, cual si fuera un tierno bebé
recién nacido apoyado contra mi pecho protector. Un día me dijo mi vecina:
-Vaya, que crecidito lo tienes.
-Si hija si, ya tiene 28
(rebanadas)- le respondí yo con un sentimiento de orgullo hinchiendo mi pecho.
Esa es, pues, la mejor manera de
evitar que tu pan de mole se deforme.
(Jose Vicente Ramos Alonso)