Das por perdidos tus sueños,
dar por erradas tus metas,
que vas a hacer si es humano
tropezar en esa piedra.
(Jose Vicente Ramos Alonso)
sábado, 30 de marzo de 2013
SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.
IIII
Los tres hombres estuvieron hablando durante un par de minutos. Carlos estaba a menos de dos metros de ellos pero no fue capaz de escuchar nada; no es que tuviera interés en saber qué se decían, pero su curiosidad natural se manifestaba expectante en todo momento. El tráfico a esas horas era tan multitudinario que era lo único audible.
Terminada la conversación Rafael les estrechó la mano a sus dos acompañantes, a la vez que exhibía una sonrisa leonina. Sus dientes brillaban tanto como la placa de su negocio.
Los dos hombres se marcharon calle arriba, seguramente en dirección al edificio del Ayuntamiento, mientras Rafael les observaba alejarse, manteniendo la misma sonrisa dentada. Cuando los perdió de vista se dio media vuelta y se dirigió al bar de la otra acera. Menos mal, pensó Carlos aliviado. La cita con su joven amante seguía en pie. Le habría importunado sobremanera perder la mañana.
Cerró su libro y, a una distancia prudencial, le siguió hasta el café, quedándose en todo momento en el lado contrario de la calle. Pasados diez minutos los dos querindongos salieron por la puerta. Él miró su reloj, y dándole un furtivo cachete en el culo a su amiga, se dijeron adiós. Parecía que al final Carlos se quedaría sin su prueba gráfica. O puede que no, pensó ágilmente: si se iban a un hotel lo lógico es que no fuesen juntos, con el fin de no levantar sospechas. Un rápido pensamiento y sus pies dirigieron sus pasos tras su objetivo. Le seguiría a él. Rafael giró la esquina, y ya en la Plaza de Guzmán volvió a doblar la esquina hacia República Argentina por la acera de la izquierda. Carlos fue tras él a unos pocos metros. Los dos siguieron por República Argentina hasta la Plaza de la Pícara Justina , donde Rafael cambió de acera en el paso de peatones. Al verlo Carlos cruzó también al otro lado sin perder tiempo, pasando entre los coches. Su objetivo se encaminó por Conde Guillén con dirección a la Avenida Lancia. Ya en esta, y hacia mitad de la calle, en la acera derecha, dirección a San Francisco, Rafael se paró en un portal, sacó una llave del bolsillo de su abrigo, y tras abrir la puerta desapareció de la vista de Carlos. Él sabía que aquella no era su casa, así que debía de ser el nidito de amor de la pareja. Aunque no le servía de nada si no los podía fotografiar juntos. Eran más listos de lo que Carlos suponía; tomaban muchas precauciones. Para empezar nada de hoteles, iban por separado a ese piso, y entraban por separado, lo que le hacía pensar que también saldrían por separado.
(CONTINUARÁ)
SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.
III
La oficina de su hombre estaba hacia la mitad de Ordoño, en un edificio en el que seguramente no viviese nadie. Carlos había pasado cientos de veces por delante; era un edificio antiguo, señorial, con aire abandonado, que tenía en el portal varias placas de negocios: dos abogados, un médico, un naturalista, una aseguradora. Y entre todas las placas destacaba la de la empresa de Rafael Fuentes, “Consultora Siglo XXII”.
-Madre mía, que placa más prepotente- se dijo Carlos en voz baja. Y no le faltaba razón: la referida placa era cuatro veces más grande que las demás, de un lustroso dorado que brillaba como si la hubiesen acabado de pulir. Suponía que cuando se juega en bolsa con el dinero de los demás es necesario hacer ver a tus clientes que eres tan bueno que te puedes permitir el más grande de los rótulos que exista en el mercado de rótulos, si es que tal mercado existe.
Delante de las oficinas hay dos bancos de mármol, flanqueando una jardinera monumental. Carlos decidió sentarse en uno de ellos a hacer que ojeaba su libro, mientras vigilaba la puerta del edificio. Tras más de media hora de espera la puerta de madera se abrió. -Ya era hora- pensó Carlos. Los días anteriores que le había observado, Rafael Fuentes salía de la oficina a las doce exactas de la mañana, e iba al bar que está en la acera de enfrente, donde le esperaba su amiga, que debía trabajar por la zona. Carlos lo siguió al bar la última vez, y poniéndose al lado de los dos en la barra, con la excusa de tomar un café, les escuchó citándose para hoy, y entre otras cosas oyó a la joven decirle a su hombre que estrenaría el “conjuntito tan pícaro que le había regalado”.
Pero hoy se había retrasado. Por la puerta salió Rafael, y tras él otros dos hombres, trajeados, impecables, con su abrigos negros desabotonados y sendas bufandas al cuello. Al primero de ellos no lo había visto en su vida, pero el segundo era Víctor de la Rosa , Concejal de Urbanismo del Ayuntamiento.
(CONTINUARÁ)
viernes, 29 de marzo de 2013
SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.
II
Carlos abrió la puerta del copiloto y posó en el asiento su cartera negra de imitación de piel. En ella llevaba su Nikon D 3200 y las demás cámaras fotográficas. Acto seguido abrió el maletero y cogió uno de los maletines, el que contenía todos sus objetivos y teleobjetivos, y lo pasó al asiento delantero, con el fin de escoger los más adecuados para su misión. Se puso al volante, arrancó el coche y se dirigió a Ordoño. El coche era una chatarra, pero a parte de que no se podía permitir otro, este coche era el más común de los comunes, había miles por toda la ciudad; y ello, añadido al hecho de que era de color gris, lo convertía en el coche perfecto para espiar y seguir a la gente pasando totalmente desapercibido.
Aparcó el coche en el parking de Santo Domingo. Abrió de nuevo el maletero, se puso las botas de treking, el chaleco verde multibolsillo, y cogió el mapa de León y la guía de monumentos de la ciudad. Se colgó la cámara al cuello, metió dos objetivos en los bolsillos del chaleco, y tras recoger el ticket del parking salió a la calle. La mañana era soleada, pero fría. La Plaza de las palomas estaba llena de casetas, repletas a su vez de libros. Carlos tomó nota para volver en otro momento a echar un vistazo.
El hombre al que tenía que seguir tenía una empresa de consultoría económica, dedicada a la especulación en bolsa. Carlos lo había investigado, pero no acababa de entender a qué se dedicaba exactamente: productos bursátiles de alto riesgo, deuda extranjera, opciones y futuros…no comprendía como se podía ganar dinero con eso. El caso es que su esposa sospechaba que tenía un amante, “una jovencita que usa perfume barato”, según palabras suyas, y había contratado a Carlos para que lo pillase en flagrante delito y poder forzarlo así a llegar a un buen acuerdo de divorcio. Carlos le había explicado a su clienta que estaban casados en régimen de gananciales, y que en caso de divorcio a ella sólo le podía corresponder la mitad de los bienes conyugales. Pero la señora quería mucho más, “quería dejarle en pelotas”, citando de nuevo textualmente. Así que Carlos hizo de tripas corazón y aceptó el trabajo. Le repugnaba, pero había que pagar las facturas mientras le llegaban los casos de verdad.
(CONTINUARÁ)
SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.
I
Nada de lo que le dijera le haría cambiar de opinión. Él sabía perfectamente que el negocio era una ruina. Lo único que hacían era seguir a hombres y mujeres por orden de sus parejas, para averiguar si les estaban engañando. Tales negocios daban poco dinero, amén de resultar poco gratificantes. En los dos años que habían pasado desde que decidió dedicarse a esto sólo recordaba dos o tres casos mínimamente interesantes. Todo lo demás había sido una completa basura. Se había planteado cientos de veces dejarlo, echar la persiana y trabajar con su padre vendiendo ropa, perspectiva tan poco gratificante como seguir a puteros por sórdidos barrios.
-Sabes que yo seguiré contigo hasta que decidas dejarlo- La que hablaba era María, una mujer de unos 50 años que, junto con Carlos, componía la Agencia Solares , Investigador Privado. -Yo ya soy vieja, y mi marido también trabaja, entre los dos podemos mantenernos, pero con tu…malvives con una miseria, vives en la oficina, y comes bastante mal; y creo que va siendo hora de buscarte una novia.
-Ya lo sé María, y nunca te podré agradecer que sigas conmigo a pesar de la porquería de sueldo que te pago. Pero esto es lo que me gusta hacer, y tengo fe en que tarde o temprano nuestra suerte mejore. Sólo necesitamos un caso en condiciones, algo atractivo que nos de publicidad. Vamos a darnos otro mes. Si no aparece un cliente interesante lo dejamos. Confía en mí, ya verás como mejora nuestra fortuna.
-Por tu bien así lo espero. No querría ver como tienes que volver arrastrándote a la tienda de bragas de tu padre- María se estaba riendo a carcajada limpia.
-Eres mala- Carlos le guiñó un ojo -Tengo que irme, el tipo al que estoy siguiendo sale de trabajar en media hora, y creo que se va a ir a un hotel con su amante. A ver si les puedo sacar unas bonitas fotos.
jueves, 28 de marzo de 2013
La canción de la luna
La luna me mira desde el cielo
con sus ojillos color carmesí,
me observa insistentemente,
¡se ha enamorado de mí!.
YO: -Eres preciosa, ¡Oh! dama blanca,
mas nuestro amor no puede ser,
tu estás colgada ahí arriba
y yo aquí abajo seguiré.
LUNA: -No digas eso, amado mío,
por ti a la tierra bajaré;
yo te amo más que a nada,
tiéndeme tu mano e iré.
YO: - No puedes, luna bella,
¿quién encenderá el cielo si te vas?.
Eres preciosa ¡oh! dama perla,
pero te tienes que quedar.
LUNA: -La razón de mi existencia
es el amor que por ti siento,
si no puedo estar contigo
bajaré del firmamento.
YO: -No te bajes, luna hermosa,
porque tu brillo y resplandor
son más bellos que la vida,
que la paz y que el amor.
LUNA: -¿Y qué haré aquí arriba sola
si no te puedo amar?.
Antes muerta y enterrada
que vivir en soledad.
YO: -No estás sola ¡oh! luna clara,
en tu alma yo estaré,
el amor no muere en la distancia,
muere si pierdes la fe.
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