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sábado, 8 de junio de 2013

Dejar atrás lo que duele y te hace daño,
cuando es bien claro que aquello te dejó,
que sea feliz, le deseas mientras tanto
por todos los ratos buenos que te dio.


(Jose Vicente Ramos Alonso)

miércoles, 5 de junio de 2013

La niña se abría paso
en el rocío de la aurora,
se moja los pies descalzos
y sonríe mientras llora.

Se ha fugado de su casa
el día mismo de su boda,
casarla quisieron sus padres
con uno que no la valora.

Y corriendo hacia el olvido
emprenderá su vida sola,
que es mejor vivir sin miedo
que prisionera de las horas.


(Jose Vicente Ramos Alonso)

martes, 4 de junio de 2013

SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO

XLII

Como ya le había dicho al padre Manuel, Carlos pensaba poner en práctica su plan cuanto antes. En un principio iba a dejarlo para el día siguiente, pero aquella mañana, al llegar al pueblo, decidió darle luz verde y comenzar con los preparativos ese mismo día.
Cuando Solares llegó a la casa del párroco se lo encontró leyendo “El sabueso de los Baskerville”.
-Me estaba poniendo al día con Holmes- dijo el cura guiñando un ojo a Carlos.
La idea para conseguir desenmascarar al ladrón de la reliquia la había tomado Carlos prestada de uno de los relatos de Doyle sobre el insigne detective londinense. Por eso don Manuel estaba leyendo sus historias, aunque lo cierto es que ya se las conocía prácticamente de memoria. El plan era muy sencillo, lo que hacía de él el mejor de los planes, pues la perfección está en la simplicidad: Don Manuel haría correr la voz por el pueblo de que ya sabían quien era el ladrón, y que era cuestión de tiempo que le desenmascarasen; para ello contaba con varias personas que, involuntariamente, participarían en el proyecto sin siquiera saberlo.
-Dales a un grupo de chismosos un cotilleo bien jugoso, pídeles por favor que no se lo cuenten a nadie, y en pocas horas todo el pueblo estará enterado- le dijo el detective a don Manuel.
Solares contaba con que este chisme corriese como la pólvora, de tal forma que el ladrón también se enterase. Y por mucha certeza que tuviera de no haber sido descubierto, era seguro que se pondría nervioso, lo que le llevaría a cometer un error. Al día siguiente don Manuel haría correr un nuevo bulo, a saber: que aquella misma noche el detective que había contratado pensaba ir a buscar la reliquia, porque ya sabía donde estaba escondida, pero que su intención no era denunciar al ladrón, sino recuperar la cruz sin descubrirle ante el resto de los ciudadanos, y llevársela a León, al Museo Diocesano. Esto obligaría al ladrón a moverse para cambiar de sitio la cruz, y entonces Carlos le atraparía. Es cierto que él era uno sólo y los sospechosos eran cuatro, pero a tres de ellos los había descartado casi por completo, y pensaba seguir a Eduardo Inquina, ya que era el que mejor encajaba en el perfil: soltero, solitario, retraído, rencoroso y violento, sin más  familia que unas cuantas gallinas, y en más de una ocasión había mantenido que la cruz le pertenecía. Por lo tanto se ocuparía en exclusiva de él.
Esa misma mañana, a la una, había misa, y el cura iba a poner en marcha la primera parte del plan. Antes de entrar en la iglesia se paró un rato a hablar con los feligreses y feligresas que estaban reunidos a la puerta, y les contó, como un secreto, lo que él y Carlos habían acordado. Se daba la casualidad, o puede que no tanta casualidad, que entre este grupo de hombres y mujeres píos se encontraban los más chismosos del pueblo, así que la noticia comenzó a correr de boca en boca. Antes de que comenzaran los oficios todos los asistentes a la homilía ya se habían enterado de la noticia. Y el resto de los ciudadanos se enterarían en poco tiempo.
Mientras las habladurías hacían su parte, Carlos estuvo inspeccionando la casa de su principal sospechoso. Era una casa bastante grande, de dos pisos, con un enorme corral en la parte trasera y una huerta aledaña, rodeada por una pared de bloques culminada con cristales pegados con cemento. La propiedad era inmensa, y aunque Carlos estaba seguro de que escondía la cruz allí, más concretamente en la misma vivienda, lo cierto es que era tan grande que cualquier búsqueda era impensable.
(CONTINUARÁ)
¿Sabes que las ondas de tu pelo oscuro
tejen con su encanto una enredadera?
Ningún hombre que se mire en tus ojos
podrá ser capaz de alejarse de tu vera.


(Jose Vicente Ramos Alonso)

sábado, 1 de junio de 2013

SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.

XLI

La demanda prevista por el Tesoro español, en base a las informaciones solicitadas por los inversores interesados, era superior a la cantidad de Obligaciones ofertadas, lo que hacía bajar el tipo de interés y permitiría vender más deuda de la prevista por un precio menor. «Por lo visto», pensó Carlos «las circunstancias son propicias, aunque son similares a las que existían la semana pasada en la deuda portuguesa y al final se torció». Carlos no andaba desencaminado; los analistas económicos y financieros habían achacado la subida de los intereses de la deuda portuguesa a un comportamiento defectuoso del mercado, debido básicamente a una demanda ficticia procedente de diversos países que había provocado una oferta mayor de la que podía soportar el propio mercado, lo que encareció los intereses que Portugal debía pagar. Y aunque sospechaban lo que había pasado, desde luego nadie había sido capaz de encontrar a los “responsables”. Y era descabellado e imposible de probar, pero Carlos sabía quién había sido el causante de este comportamiento anómalo del mercado de deuda: Enésimo de Gea, tenía que ser él. Aunque no tenía la menor idea de cómo lo había hecho; quizás debiera hablar con alguien que supiese de estos temas, aunque no conocía a nadie. Para Solares todas estas cosas de mercados y deudas soberanas eran tan inextricables como la física cuántica, más incluso.
Para hacer más amena la espera se conectó a Facebook para ver que se cocía por ahí, y a Spotify para escuchar algo de música.
Pasó una hora y media y la subasta se había dado por concluida. Y de nuevo, en contra de todas las previsiones, había tenido un resultado bastante negativo para las aspiraciones españolas. Se habían colocado 2700 millones, algo más de lo previsto, pero a un interés del 4,8 por ciento, superior en dos puntos porcentuales al que se pagó en la última subasta de obligaciones, lo cual tenía poco sentido, por un lado porque las condiciones no solo no habían empeorado, sino que mas bien habían mejorado un poco, y por el otro porque  la prima de riesgo española se había relajado bastante, lo cual debería haberse traducido en unos intereses menores en las subastas de deuda. Así había pasado al menos en la subasta que se celebró dos semanas atrás. Aunque en aquella ocasión se habían subastado bonos a seis y doce meses, es decir, a medio plazo, y las obligaciones de hoy eran a largo plazo. Carlos consultó el tipo de deuda subastada por Portugal la semana pasada: era deuda a largo plazo, a 12 y 15 años. «Que curioso», pensó. Solares buscó anteriores subastas del Tesoro luso, y hacía un mes se habían subastado bonos a corto plazo, y en aquella ocasión los intereses bajaron respecto a las subastas anteriores, igual que en España; ¿se trataba de un patrón? era muy pronto para decirlo. Tendría que investigar más, y ahora no podía ponerse a ello.
Carlos apagó el ordenador y fue a lavarse los dientes. Pensaba pasar el día entero en Imaginio e la Falsaria, así que no volvería a León hasta la noche.
(CONTINUARÁ) 

jueves, 30 de mayo de 2013

SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.

XXXX

Era martes. Solares había estado  la noche anterior hasta tarde en Imaginio de la Falsaria siguiendo a uno de los sospechosos que le proporcionó el sacerdote. Había en don Manuel algo que incitaba a Carlos a creer en él, a estar seguro de que el ladrón era uno de los cuatro sospechosos que aquel le había dicho. No en vano llevaba más de veinte años siendo el párroco de ese pueblo y conocía en confesión las intimidades y secretos de todos sus feligreses.
Carlos se levantó de la cama y se fue a la cocina, se preparó un café con leche, cogió un par de napolitanas de chocolate y un plátano y se fue al sofá del salón. Llevaba casi una semana siguiendo a los sospechosos del robo de la reliquia y se había hecho una idea bastante certera de sus personalidades; estaba claro que cualquiera de ellos podía ser el culpable. Dos hombres y dos mujeres, los dos primeros solteros, así como una de las señoras. Los cuatro eran tenidos en el pueblo por gente rara y vengativa, y constantemente estaban metidos en algún lío con los vecinos, por las causas más baladíes. Los cuatro eran muy similares: retraídos, huidizos y con un enorme complejo de inferioridad. Pero uno de los hombres, Eduardo Inquina, era el que tenía más papeletas para llevarse el premio, pues según don Manuel siempre había defendido que la reliquia de oro pertenecía a su familia. Por ello, y sin eliminar de entrada a los otros tres sospechosos, Carlos se había fijado en él por encima del resto. Tenía en mente un plan para cogerle, y aunque aún tenía que madurarlo más, pensaba ponerlo en práctica no más tarde del día siguiente.
Pero ahora quería ocuparse de su otro caso, el de sus Némesis, Enésimo de Gea y Rafael Fuentes. Esta mañana, en menos de una hora, se iba a celebrar una nueva subasta de deuda pública española y quería seguirla en directo. Durante esta última semana a penas se había preocupado de esos dos, y no había leído prácticamente nada a cerca de la subasta que iba a tener lugar en breve. Por eso ahora se iba a meter de lleno en ella. Apuró el café, cogió el portátil y, tras enchufarle el cargador, se lo puso encima de las rodillas, dispuesto a dar un paso más en su investigación de los negocios de aquellos dos hombres, pues era probable que “Consultora Siglo XXII” o cualquiera de las demás empresas de de Gea pujase en la subasta, como solían hacer.
El Tesoro español sacaba a subasta un capital inicial de 2500 millones de euros, en obligaciones a diez y quince años, por las que tendría que pagar un interés inferior al 4,6 que pagase en la anterior emisión de deuda de este tipo; según la mayoría de los analistas macroeconómicos, la bajada de la prima de riesgo española supondría una bajada de los intereses de su deuda, y si bien las previsiones de la mayoría de los organismos internacionales no auguraban un futuro mejor a corto ni medio plazo para la economía de España, si que era seguro que las subastas de deuda que quedaban por celebrarse en el 2013 serían positivas, ya que el mercado exportador estaba en muy buen estado y estaba elevando la confianza internacional en nuestro país. Sin embargo, como señalaban algunos periodistas económicos en varios diarios digitales, las previsiones en la anterior emisión de deuda eran también buenas y a la hora de la verdad se dieron la vuelta. Y aun recordaban la subasta de Portugal de la semana pasada; y si bien, señalaban estos periodistas, las circunstancias lusas no son similares a las españolas ni mucho menos, lo cierto es que su subasta de deuda se había torcido a pesar de contar ex ante con unas previsiones positivas.
(CONTINUARÁ)

miércoles, 29 de mayo de 2013

SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.


XXXIX

Pasaron algunos días. Carlos vivía entre Imaginio de la Falsaria y León. Aparecía más bien poco por la oficina, aunque mantenía a María informada sobre la marcha de la búsqueda de la reliquia; incluso un día se quedó a dormir en la casa del párroco.
Como ya sospechaba, encontrar la cruz de oro iba a resultar bastante complicado, pues era probable que el ladrón la guardase en su casa. No era para Solares un problema allanar una vivienda, ya que incluso si el ladrón le descubría no sería tan estúpido de denunciarle a la Guardia Civil, pues se delataría a sí mismo. El problema era de otra índole: en primer lugar eran cuatro los sospechosos, y en segundo lugar, en los pueblos es imposible dar un paso sin que todos los vecinos sepan que lo has dado; como la mayoría de la gente que vive en un pueblo no tiene nada que hacer se entretiene vigilando a sus vecinos. Solares lo sabía de primera mano, ya que él había nacido en un pueblo. Carlos le había preguntado a don Manuel a cerca de quiénes eran los chismosos del lugar, y el cura le nombró a unos cuantos; el detective pensaba aprovecharse de ellos para descubrir al ladrón y recuperar la reliquia, aunque todavía no sabía muy bien como.
El primer paso que dio Carlos fue cerciorarse de la forma en que el ladrón había conseguido robar la reliquia de la casa rectoral, ya que este dato dice mucho a cerca de la personalidad del delincuente, según las más importantes escuelas de criminología. La casa rectoral de Imaginio de la Falsaria estaba situada en el centro del pueblo, junto a la iglesia, y no contaba con alarma, aunque don Manuel tenía  una caja fuerte oculta en la que guardaba, entre otras cosas, la cruz de oro macizo. Carlos preguntó al sacerdote a ver qué personas conocían la existencia de la caja acorazada y su ubicación, a lo que le respondió que casi todo el pueblo sabía que escondía la cruz en una caja, pero tan solo un pequeño grupo de personas conocían su ubicación. Lo cierto es que el cura había escondido la caja fuerte en un sitio poco habitual, debajo de un canapé que había en una habitación de la parte de atrás que aparentemente estaba atornillado al suelo. Cuando le descubrió la caja fuerte Solares sonrió satisfecho: el canapé se levantaba por medio de dos barras de acero unidas a un mecanismo hidráulico, que se accionaba desde un interruptor integrado en un cuadro cercano que simulaba ser un perro negro.
-Vaya padre, si que se ha currado usted la caja fuerte-dijo Carlos-. Está claro que el ladrón tenía que saber donde estaba y como abrirla, pues en caso contrario es imposible que la encontrase, se lo digo por experiencia.
-Saqué la idea de una novela de misterio que leí hace años, aunque adapté un poco el mecanismo. El hombre que la instaló quedó maravillado de mi idea- el cura sonrió.
Carlos comprobó los bordes del canapé y llegó a la conclusión de que no había sido forzado: el que sustrajo la cruz lo levantó mediante el mecanismo instalado.
Don Manuel dijo a Carlos que tan solo tres personas del pueblo conocían la forma de levantar el canapé, aunque curiosamente ninguna de ellas era sospechosa de haber cogido la cruz. El sacerdote explicó a Solares que conocía bien a las personas, y que cualquiera de esas tres podía haber contado a otros el escondite de la caja, pero en ningún caso habrían robado la reliquia.
(continuará)