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jueves, 30 de mayo de 2013

SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.

XXXX

Era martes. Solares había estado  la noche anterior hasta tarde en Imaginio de la Falsaria siguiendo a uno de los sospechosos que le proporcionó el sacerdote. Había en don Manuel algo que incitaba a Carlos a creer en él, a estar seguro de que el ladrón era uno de los cuatro sospechosos que aquel le había dicho. No en vano llevaba más de veinte años siendo el párroco de ese pueblo y conocía en confesión las intimidades y secretos de todos sus feligreses.
Carlos se levantó de la cama y se fue a la cocina, se preparó un café con leche, cogió un par de napolitanas de chocolate y un plátano y se fue al sofá del salón. Llevaba casi una semana siguiendo a los sospechosos del robo de la reliquia y se había hecho una idea bastante certera de sus personalidades; estaba claro que cualquiera de ellos podía ser el culpable. Dos hombres y dos mujeres, los dos primeros solteros, así como una de las señoras. Los cuatro eran tenidos en el pueblo por gente rara y vengativa, y constantemente estaban metidos en algún lío con los vecinos, por las causas más baladíes. Los cuatro eran muy similares: retraídos, huidizos y con un enorme complejo de inferioridad. Pero uno de los hombres, Eduardo Inquina, era el que tenía más papeletas para llevarse el premio, pues según don Manuel siempre había defendido que la reliquia de oro pertenecía a su familia. Por ello, y sin eliminar de entrada a los otros tres sospechosos, Carlos se había fijado en él por encima del resto. Tenía en mente un plan para cogerle, y aunque aún tenía que madurarlo más, pensaba ponerlo en práctica no más tarde del día siguiente.
Pero ahora quería ocuparse de su otro caso, el de sus Némesis, Enésimo de Gea y Rafael Fuentes. Esta mañana, en menos de una hora, se iba a celebrar una nueva subasta de deuda pública española y quería seguirla en directo. Durante esta última semana a penas se había preocupado de esos dos, y no había leído prácticamente nada a cerca de la subasta que iba a tener lugar en breve. Por eso ahora se iba a meter de lleno en ella. Apuró el café, cogió el portátil y, tras enchufarle el cargador, se lo puso encima de las rodillas, dispuesto a dar un paso más en su investigación de los negocios de aquellos dos hombres, pues era probable que “Consultora Siglo XXII” o cualquiera de las demás empresas de de Gea pujase en la subasta, como solían hacer.
El Tesoro español sacaba a subasta un capital inicial de 2500 millones de euros, en obligaciones a diez y quince años, por las que tendría que pagar un interés inferior al 4,6 que pagase en la anterior emisión de deuda de este tipo; según la mayoría de los analistas macroeconómicos, la bajada de la prima de riesgo española supondría una bajada de los intereses de su deuda, y si bien las previsiones de la mayoría de los organismos internacionales no auguraban un futuro mejor a corto ni medio plazo para la economía de España, si que era seguro que las subastas de deuda que quedaban por celebrarse en el 2013 serían positivas, ya que el mercado exportador estaba en muy buen estado y estaba elevando la confianza internacional en nuestro país. Sin embargo, como señalaban algunos periodistas económicos en varios diarios digitales, las previsiones en la anterior emisión de deuda eran también buenas y a la hora de la verdad se dieron la vuelta. Y aun recordaban la subasta de Portugal de la semana pasada; y si bien, señalaban estos periodistas, las circunstancias lusas no son similares a las españolas ni mucho menos, lo cierto es que su subasta de deuda se había torcido a pesar de contar ex ante con unas previsiones positivas.
(CONTINUARÁ)

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