La luna me mira desde el cielo
con sus ojillos color carmesí,
me observa insistentemente,
¡se ha enamorado de mí!.
YO: -Eres preciosa, ¡Oh! dama blanca,
mas nuestro amor no puede ser,
tu estás colgada ahí arriba
y yo aquí abajo seguiré.
LUNA: -No digas eso, amado mío,
por ti a la tierra bajaré;
yo te amo más que a nada,
tiéndeme tu mano e iré.
YO: - No puedes, luna bella,
¿quién encenderá el cielo si te vas?.
Eres preciosa ¡oh! dama perla,
pero te tienes que quedar.
LUNA: -La razón de mi existencia
es el amor que por ti siento,
si no puedo estar contigo
bajaré del firmamento.
YO: -No te bajes, luna hermosa,
porque tu brillo y resplandor
son más bellos que la vida,
que la paz y que el amor.
LUNA: -¿Y qué haré aquí arriba sola
si no te puedo amar?.
Antes muerta y enterrada
que vivir en soledad.
YO: -No estás sola ¡oh! luna clara,
en tu alma yo estaré,
el amor no muere en la distancia,
muere si pierdes la fe.
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