Datos personales

martes, 7 de mayo de 2013


TRATADO FILOSÓFICO-CIENTÍFICO SOBRE LA INEVITABILIDAD COSMOLÓGICA DE QUE EL PAN DE MOLDE SE APACHURRE EN LA BOLSA DE LA COMPRA. PARTE 2ª de 2 (por Jose Vicente Ramos Alonso).

La tercera de las posibles explicaciones que pugnan en mi cabecita atolondrada es el Karma, esa fuerza cósmica que mueve los hilos de nuestra existencia, y que si bien se parece a la explicación que dimos en segundo lugar, a saber, las fuerzas del Universo, el Karma es algo diferente. Según los que abrazan esta creencia milenaria, recibes aquello que das; si tratas mal a la gente te pasarán cosas malas, y si la tratas bien te sucederán cosas buenas. Es todo un decálogo de conducta, tremendamente simple, y que yo comparto en parte, pues parece claro, a priori, que si haces el bien, si te comportas adecuadamente en tu cotidianeidad, te pasarán cosas buenas; en cambio, si te comportas como un chanchullero, si siempre estás engañando, tarde o temprano te encontrarás con alguien más chungo que tú que te dará tu merecido. Sin embargo, esto no siempre se cumple, por lo que no puede tenerse como una ley natural, es decir, aquella que rige siempre y en todo caso, aunque las condiciones sean diferentes. Conozco a mucha gente buena a la que le pasan cosas malas; esto bastaría ya de por si para desechar la explicación del Karma.
Pero vamos a aplicar la regla del Karma a nuestro tema de análisis, es decir, al pan de molde y a su inclinación a aplastarse en la bolsa de la compra. Si yo considero que las rebanadas de pan deben ser perfectamente cuadradas, el hecho de que pierdan su forma sería algo malo para mí; por lo que si tal cosa sucede es, según la tesis del Karma, porque he llevado a cabo una mala acción, y se me está castigando por ello. El otro día fui a comprar por la mañana, a eso de las once, y antes no había tenido trato alguno con ningún ser vivo, salvo con mi gata Calcetines, por lo que no tuve ocasión de hacer el mal; ¿por qué entonces el Karma me castigó e hizo que se me aplastase el pan de molde? A fe mía que ese día no había tenido tiempo de conspirar aun ¿o es que el Karma guarda cuenta de las cosas malas que hacemos y se venga cuando le apetece? Como forma de aleccionar no me parece muy correcta, pues si se te castiga lo suyo sería saber porqué, para que aprendas y no vuelvas a hacerlo; no me resulta muy práctico el tener que apuntar todas las malas acciones para ver si el Karma y yo tenemos saldadas las cuentas. En suma, dudo de la existencia del Karma como fuerza real y perceptible, por lo que no me parece que la razón de que el pan de molde se aplaste sea un castigo de aquel.
Una cuarta posible razón es la suerte: a mi se me aplasta el pan de molde simplemente porque he tenido mala suerte. La suerte, sea buena o mala, es, por definición, excepcional; es decir, es aleatoria y extraordinaria, por lo que lo lógico sería que si la suerte rigiese el destino del pan de molde este sólo se aplastase una vez de cada mil, ya que la suerte solo se atribuye a aquello que está fuera de lo común, para bien o para mal. Cuando alguien gana la lotería decimos que ha tenido buena suerte, dado que ganar es poco probable; y cuando un rayo alcanza a una persona decimos que ha tenido mala suerte, dado que es prácticamente imposible que un rayo impacte en un humano. En el caso concreto que analizamos, y dado que lo común es que el pan de molde se apachurre, la suerte solo puede afectarle positivamente, es decir, solo podríamos decir que hemos tenido suerte porque el pan no se ha aplastado; pero no podemos decir que hemos tenido mala suerte si se nos ha deformado en la bolsa, simplemente porque eso es lo común, esto es, es lo normal que el pan se aplaste, por lo que si a mí concretamente se me aplasta no habré tenido mala suerte, me ha sucedido lo que suele suceder en la gran mayoría de los casos. Por lo tanto esto no es cosa de la suerte, y ello con independencia de que yo crea o no en ella, que más me inclino por lo segundo.
También se me viene a la mente como explicación la casualidad; la casualidad es algo que en si mismo carece de sentido, si se piensa, como pienso yo, que todo se rige en el Universo por unas reglas físicas, perfectamente observables, comprensibles y lógicas, unas leyes estas que son inmutables y que explican por si solas todos los acontecimientos que suceden. Por lo tanto, no creo que mi bolsa de pan de molde se aplaste por casualidad, porque pienso que este Mundo se rige por unas normas que impiden la existencia de aquella.
Y de la explicación anterior, a saber la casualidad, bueno, mas bien de su negación, se deriva la última de las teorías posibles que explica el porqué de la mutación que sufre el pan de molde de su estado cuadrado a su posterior forma indefinida, y que yo tengo por la verdadera: el pan de molde se aplasta por la acción de las normas físicas que rigen el Universo. Cuando yo voy a hacer la compra tiendo a meter varios productos en la misma bolsa, cosa nada novedosa porque es lo que hace el común de los mortales; pues bien, la bolsa tiene un espacio finito, es decir, solo cabe una cantidad determinada de productos en ella. Ello de por si significaría que si yo lleno la bolsa estaría cubriendo todo su espacio, de tal suerte que no cabría ni un solo átomo más en ella; pero esto no es verdad, ya que los distintos productos que podemos comprar tienen formas muy diferentes, y muy distintos tamaños, por lo que en una bolsa llena siempre quedan espacios vacíos que la fuerza de la gravedad, unida con al movimiento de la bolsa y de su contenido, tienden a llenar, dado que, según la más elemental ley física, todo objeto con masa ocupa un espacio vacío. Así, mientras nosotros vamos con nuestra bolsa de la compra desde el supermercado hacia nuestra casa, los productos van asentándose inevitablemente, a causa, como decimos, del movimiento y de la gravedad, ocupando los espacios vacíos, cambiando de ubicación. Por mucho que nosotros pongamos el pan de molde en la parte superior de la bolsa de la compra, el movimiento y la gravedad van a variar su ubicación, movimiento que, unido al de el resto de productos, y en conjunción con la escasa consistencia que el pan de molde tiene por naturaleza, derivada de su ternura, conlleva la inevitable deformación de nuestro pan perfectamente cuadrado. Por lo tanto, este hecho tiene, como cualquier otro, una explicación científica, lógica y racional.
Se me puede decir que la ciencia no es capaz de explicar todo lo que sucede, a lo que yo he de responder que eso no es cierto, simplemente pasa que la ciencia aun no ha encontrado esa explicación, lo que no es lo mismo que decir que no existe.
Averiguada entonces la razón que explica que el pan de molde se aplaste en nuestra bolsa de la compra, cabe preguntarse qué se puede hacer para evitarlo. Está claro que meterlo en la bolsa con el resto de productos no funciona, pues inevitablemente se va a aplastar, sobre todo si metes varias bolsas en el maletero de tu coche. Aunque no nos engañemos, pues también sucede si vas andando a hacer la compra. La única solución es meter el pan de molde en una bolsa, él solo, sin nada que lo pueda comprimir. Pero nunca lo dejes en el maletero, ponlo siempre junto a ti en el interior del coche, en el suelo, nunca en un asiento, porque un frenazo lo puede lanzar y aplastar. Aunque sin duda la mejor manera, la más segura, es ir al supermercado única y exclusivamente a comprar pan de molde, sin bolsa, y llevarlo a tu casa en brazos. No es la primera vez que se me ve por mi barrio con una bolsa de pan de molde en los brazos, cual si fuera un tierno bebé recién nacido apoyado contra mi pecho protector. Un día me dijo mi vecina:
-Vaya, que crecidito lo tienes.
-Si hija si, ya tiene 28 (rebanadas)- le respondí yo con un sentimiento de orgullo hinchiendo mi pecho.
Esa es, pues, la mejor manera de evitar que tu pan de mole se deforme.

(Jose Vicente Ramos Alonso)  

6 comentarios:

  1. Oh, la vestimenta de los santos. Hay una parte nada pequeña de la física actual que se parece en grado sumo, y no sé si extraordinaria, curiosa o sorprendentemente, a la denostada religión. El hecho de creer en lo científico como algo superlativo, irrefutable y omnisciente, ya es, ciertamente, bastante sospechoso, ¿no crees? No podemos cambiar el Dios de los cristianos, por el Dios de los científicos. Sobre todo, teniendo en cuenta que ambos han sido creados por nosotros. No tiene por qué haber una explicación para todo, y ésta no siempre tiene que venir dada de la ciencia. Ello supondría creer que la especie humana está dotada de un poder, una inteligencia o una capacidad de las que, hasta la fecha, o no ha gozado o, al menos, no ha dado grandes muestras de poseer.

    Pienso que cuando en un caso no influyen leyes físicas, pues, a pesar de Hawking, la física no es omnímoda, y probabilísticamente unas veces se da un resultado y, otras, otro distinto, con la experiencia hallamos una estadística. Cuando en términos porcentuales conseguimos un resultado que, numéricamente hablando, teníamos pocas posibilidades de alcanzar, y no ha influído nada endógeno ni exógeno, nos encontramos ante un fenómeno inexplicable e inexplicado que, a falta de un bautizo adecuado y pertinente, es menester denominar como ese curioso remanente que se da en todo actuar, sentir, y hasta vivir de los tontos. Que, como sabes, haberlos haylos.

    Sigue con salud.

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  5. (Parte 1)
    Nuestra opinión dista mucho de ser pacífica en este tema concreto (lo bueno que tu tienes, en comparación con otras personas, es que contigo se puede dialogar, razonar, incluso sobre temas en los que no estemos de acuerdo). En primer lugar no estoy de acuerdo contigo en que hayamos sustituido a Dios por la Ciencia (y la escribo con mayúsculas para englobar en esta palabra a todas esas disciplinas que se dedican al estudio del mundo que nos rodea mediante un método lógico consistente en observar los resultados para, por medio de unas leyes tenidas por ciertas en base a la observación, enunciar unas causas). La fe es, por definición, ciega. Tener fe en algo o en alguien significa confiar sin reservas, sin preguntas, sin duda alguna, y sin necesidad de demostración de ningún tipo. De ahí que la religión no nos diga: “Creed en Dios. Mirad todas estas pruebas palpables…”. Al contrario, nos dice: “Creed en Dios porque si”.
    En cambio, la Ciencia es puramente demostrativa. Cuando un científico enuncia una teoría se basa para ello en pruebas, en los resultados que otros antes que él han recabado. Y si, ciertamente cuando un científico enuncia una nueva tesis está, en parte, inventando, teorizando, pero siempre en base a unos datos objetivos que se tienen por ciertos. Cuando el señor Hawking enunció su teoría sobre los agujeros negros no estaba seguro a cerca de si existían realmente, pero sus conjeturas estaban basadas en la observación, en las pruebas; no dijo: “tengo fe en que existan unas formaciones en las que la gravedad es tan fuerte que no dejan escapar ni siquiera la luz”. Ni mucho menos, sino que observó las pruebas reales que se le presentaban y enunció una teoría válida y lógica, en base a datos objetivos. Y ahora la existencia de agujeros negros es prácticamente incontrovertida en el mundo científico (yo creo en ellos, porque las explicaciones y pruebas que me han ofrecido son perfectamente palpables y lógicas). Ciertamente la Física teórica tiene mucho de esto, de imaginar y de anunciar teorías cuanto menos imposibles; pero siempre en base a unos hechos ya probados, a datos reales y objetivos.

    ResponderEliminar
  6. (Parte 2)
    No es fe, es empirismo. Yo no tengo fe en la Ciencia, yo no creo ciegamente en ella ni en los científicos. Tener fe en la Ciencia es, desde mi humilde punto de vista, tan erróneo como tener fe en Dios. Más al contario, yo tengo confianza en la ciencia y en los científicos, porque me dan respuestas, basadas en hechos palpables, reales y objetivamente cognoscibles; pero también preguntas, y solo hemos sido capaces de evolucionar gracias a las preguntas que la raza humana se ha estado haciendo durante toda su existencia. Al contrario que la religión, que solo nos ofrece respuestas, la Ciencia también nos proporciona preguntas, lo cual es a veces más difícil que buscar respuestas. Los años de experiencia vital me han enseñado que la fe es peligrosa; yo solo creo en lo que mi mente es capaz de comprender.
    Hasta ahora no conocemos todas esas respuestas, pero esa confianza que tengo en la Ciencia, basada no en la fe ciega que se tiene en Dios, sino en la razón que proporcionan los datos objetivos y demostrables, me dice que tarde o temprano se encontrarán. En fin, hace años se pensaba que Dios tiraba de nosotros hacia la tierra para que no saliésemos volando hacia las estrellas, y después Newton demostró que no era Dios, sino la fuerza gravitatoria de la Tierra la que tiraba de nosotros. Desconocer la respuesta no significa nada más que desconocemos la respuesta, no que no exista. Y como la naturaleza humana necesita certeza, mientras no hemos tenido esas respuestas nos hemos inventado otras cosas que nos la den, a Dios, el destino, la suerte…
    Los humanos inventamos a Dios e inventamos las matemáticas, en eso estoy de acuerdo contigo, pero los números los inventamos objetivos, es decir, son inmutables, pues dos más dos siempre van a ser cuatro, por muchas triquiñuelas que busques. Los números no mienten, y a falta de un error del que los manipule, siempre son infalibles. Cuando un físico predice la existencia de múltiples universos paralelos en base a fórmulas matemáticas y a datos objetivos recogidos por nuestra experiencia, no está dándonos un auto de fe, nos está dando una posible explicación basada en hechos.
    Las leyes físicas son inmutables (hay excepciones, tal y como cree un gran número de físicos teóricos; aunque en la Tierra siempre lo son). Si yo me tropiezo en la calle, me caigo, eso es un hecho. Y al tropezar puedo o bien no sufrir ningún daño, o provocarme un derrame cerebral que acabe con mi vida. Tu, querido Javi, me dirás que lo segundo sería provocado por la mala suerte. Yo, que no creo en esa fuerza intangible e inescrutable, te diré que es pura física. Cuando mil personas se tropiezan ninguna va a caer de la misma forma, dado que todas son diferentes, por lo que si las condiciones han cambiado es lógico pensar que el resultado también cambiará. Si las mil personas pesasen lo mismo, llevasen la misma ropa y las mismas zapatillas, midiesen lo mismo, tuviesen la misma masa ósea en el cráneo, la misma masa cerebral, e incidiesen con el mismo ángulo en el suelo, la ciencia predice que las mil sufrirían exactamente el mismo daño, de tal suerte que o las mil morirían o no moriría ninguna. Pero en la realidad eso no es así, por lo que si las circunstancias que rodean un mismo evento, a saber, un tropezón, son distintas, los resultados serán, por definición, distintos. Y no interviene la suerte, creo yo.

    Como siempre, es un gusto inconmensurable discutir contigo.

    ResponderEliminar