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sábado, 20 de abril de 2013

SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.


XXXIV

Carlos empezó consultando unos cuantos diarios generalistas, para pasar después a algunos de contenido puramente económico. Y en todos leyó prácticamente lo mismo: la subasta de deuda de Portugal había deparado un resultado cuanto menos impredecible. El Tesoro portugués no había logrado colocar todos los bonos a cinco y diez años que había ofertado, lo que dio a su vez lugar a una subida nada desdeñable de los intereses que había tenido que pagar a los compradores. Todos los periodistas económicos coincidían en que el mercado se había comportado de una manera imperfecta, dado que lo previsible era una demanda que superaría a la oferta en más de dos puntos y una bajada de intereses de casi medio punto porcentual. Ninguno se aventuraba a señalar la razón de tan inesperado desenlace, aunque uno de los periodistas señalaba que había tenido lugar un movimiento un tanto sospechoso de acciones en la Bolsa de Valores de Portugal pocos minutos antes de la subasta; al cierre del día anterior la bolsa lusa había ganado 1,2 puntos porcentuales, pero esa misma mañana comenzaba con pérdidas de un 2,3 por ciento, lo que era aún más sorprendente si se tenía en cuenta que todos los analistas internacionales auguraban una subasta de deuda con un resultado muy positivo para las finanzas portuguesas, lo que justificaría, como mucho, una apertura plana. El periodista no trataba de atar cabos, dado que se le notaba tan perdido como al resto de colegas, pero sí señalaba algo que a Carlos le resultó muy revelador: en seis de las siete empresas que  habían lastrado la Bolsa de Portugal tenía acciones el conglomerado empresarial de Enésimo de Gea. El periodista lo señaló como algo anecdótico, o eso le parecía a Carlos, pero para él este hecho tenía otra lectura. Era curioso que el día anterior Rafael Fuentes y Enésimo de Gea se hubiesen reunido para hablar, previsiblemente, sobre la subasta de deuda pública de Portugal, y que al día siguiente de Gea vendiese parte de sus acciones en compañías portuguesas, justo antes de que se celebrase la subasta, y justo antes de que la bolsa cayese mas de siete puntos, lastrada por la calamitosa venta de bonos. Carlos no era de los que creen en casualidades, y mucho menos en esta.
Siguió leyendo. Por lo visto, la mayor parte de los compradores de los bonos portugueses procedían de España y Portugal, diversos fondos de inversión, fondos de pensiones y carteras de valores de alto riesgo, entre las que se encontraba Destina Forum, la empresa de Enésimo de Gea a la que pertenecía Consultora Siglo XXII, la empresa de Rafael Fuentes. Dado que las agencias de calificación crediticia habían degradado el bono portugués a la categoría de bono basura, pocos eran los que se aventuraban a comprar, al parecer.
Aunque trató de buscar qué porcentaje de lo ofertado compró Destina Forum, Carlos no fue capaz de encontrar las cifras. Pero sabía que esa información era pública; era sólo cuestión de saber buscarla. Era descabellado, imposible en términos reales, pero a Carlos le daba la impresión de que Enésimo de Gea había sido capaz de controlar la demanda total de bonos portugueses para conseguir que subieran los intereses; no sabía si eso era posible, si era siquiera factible, pero estaba claro que había algo raro. O quizás no; puede que todo fuesen imaginaciones suyas, que viese gigantes donde sólo había molinos, como le decía María. No en vano si hubiese algo turbio alguna autoridad se hubiese enterado ya, no estarían esperando a que un detectivucho de tres al cuarto descubriese la trama. O puede que nadie hubiese visto todas las piezas del puzzle.
Carlos siguió algún rato más leyendo sobre el tema, y cuando iba a dejarlo para hablar con el sacerdote que les había contratado, algo llamó su atención, alguien más bien. En una fotografía aparecía un personaje al que conocía, pero al que aún no le había puesto nombre. El hombre en cuestión aparecía tras un atril, hablando a un auditorio, y según el artículo que acompañaba a la fotografía este se llamaba Adriano Ferreira, y era nada más y nada menos que el Presidente del Banco Central de Portugal.
(CONTINUARÁ) 

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