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viernes, 5 de abril de 2013

SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.

XI

Cuando Carlos llegó a la oficina de “Solares, Investigador Privado”, en la Avenida de Mariano Andrés, María ya estaba allí.
-Buenas tardes cariño-ella siempre le llamaba cariño, de hecho se lo llamaba a todo el mundo.
-Hola ¿tuviste tiempo de buscar la información que te pedí?-preguntó Carlos ansioso.
-Estoy bien, gracias por preguntar-dijo María con una sonrisa y un guiño-Tú, para variar, tan comunicativo como siempre. Sabes, así no vas a encontrar nunca otra novia.
-He hablado contigo hace unas horas, sé que estás bien-respondió Carlos un tanto picado.
-Sabes perfectamente, listillo, que a las mujeres nos gusta hablar, comentar lo que hemos hecho, y que nos encanta que nos escuchen. Tan perspicaz que eres para otras cosas y para esto tan tonto- María conocía tan bien a Carlos como si fuera su propio hijo, sabía lo introvertido que era y lo que le costaba hablar de trivialidades, pero le gustaba incitarle para ver si, como ella decía, espabilaba.
-Vete a la porra- Añadió Carlos con una mueca de dolor fingido; nunca se enfadaba con María en serio, a pesar de que siempre estaba con lo mismo, porque sabía que era verdad. Le torturaba ser así, pero no lo podía evitar, había intentado cambiar cientos de veces, pero no le salía de forma natural.
-Pues para que lo sepas, poco después de colgarte a medio día me encontré con…-Carlos la cortó en seco.
-Luego me lo cuentas, dime si has buscado o no la información-conocía muy bien a su socia, y como la dejase hablar podía tirarse haciéndolo muchos minutos.
-Déjame hablar, desagradecido. Mientras tu dormías la siesta yo busqué lo que me pediste. Y por cierto, tienes un hilo seco de baba en el moflete izquierdo- Soltó una carcajada.
Carlos se frotó la cara, y con un suspiro anhelante informó a María de que estaba dispuesto a escucharle.
-Como te decía, cuando te colgué me encontré con tu ex novia- María se mostraba enigmática.
-¿Ella está aquí? no tenía ni idea- a Carlos le había cambiado el semblante, sus ojos brillaban y su boca dibujaba una leve y sincera sonrisa, a pesar de que trataba de mostrar indiferencia.
-Normal que no lo supieras, me dijo que no hablabais desde hacía varios años. Pues para tu información está como siempre, como la última vez que os vi juntos en la tienda de tu padre. Me preguntó por ti, y le conté que habías montado esta agencia de detectives privados, y que éramos socios- María abría muchos los ojos, como queriendo insinuar algo.
-No sé que pretendes, vieja bruja, pero no me interesa lo más mínimo lo que puedas contarme- Era mentira, una mentira tan burda y mal contada que Carlos sabía que María no se la creería.
-Lo que tu digas listillo, pero eso no te lo crees ni tu. Te mueres por preguntarme por ella, pero tu estúpido orgullo masculino te lo impide, y esperas que yo te lo cuente sin preguntar. Pues vas fino, porque no te pienso decir nada, aunque reviente de ganas de contártelo- Mientras así hablaba María se había acercado a Carlos y le dio una colleja.
-Bruja-contestó el agredido, tremendamente ansioso por saber de Irene.
-Toma tu maldita información, y que te cunda- María le pasó a su socio una memoria flash que sacó del bolso, y le dio otra colleja.
-Necesito que busques en el Registro de la Propiedad o en el Catastro a quien pertenece un piso-Carlos le dio las señas del piso de Lancia en el que se veían Rafael y Marisa, aprovechando para ponerla al día sobre sus investigaciones.
-¿Y qué tiene que ver con todo esto ese tal Enésimo de Gea? Es un tipo muy importante e influyente, y tremendamente rico, por cierto.
-Con la infidelidad nada, pero hay algo que me escama-Carlos se mostraba huidizo.
-¿Así que no me lo vas a contar? siempre me haces lo mismo, tiras la piedra y escondes la mano- María fingía estar dolida.
-Lo mismo que has hecho tu con lo de Irene- Se defendió Carlos.
-Perdona, guapito, pero es muy distinto. Yo estoy dispuesta a contártelo si tu me preguntas; pero no quieres, así que no te pienso decir ni pio.
En cuanto acabó la frase María se fue a su mesa y se puso delante de su ordenador. Carlos hizo lo propio con un mohín de disgusto. Encendió el aparato e introdujo la memoria, dispuesto a diseccionar a ese tipo tan influyente, Enésimo de Gea. Pero en su mente solo estaba Irene.
(CONTINUARÁ)

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