Datos personales

martes, 9 de abril de 2013

SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.

XIX

Estaba claro que no pegaba en aquel ambiente. Habría unas treinta personas en el bar. Las chicas, sin excepción, lucían un cuerpo perfecto, y todas llevaban ropas ajustadas que realzaban aun más sus ya visibles encantos. Los chicos, por regla general, eran altos, guapos y con músculos, y en su mayoría lucían camisas ajustadas desabrochadas casi hasta el ombligo, luciendo pechos depilados y hercúleos y bronceados músculos. En León, como en todos los sitios, cada grupo de personas tiene su propio bar, ese con el que guardan cierta afinidad; estaba claro que ese bar era el de la gente guapa de gimnasio. A Carlos  aquel sitio le recordaba a cierto programa emitido por una cadena de televisión musical.
Se quedó en la puerta, chequeando el lugar. David estaba en la barra, saludando al camarero, un tío que se le parecía bastante y que tenía aun más músculos que él. Al fondo del local, junto a una mesa, estaba Ariadna, hablando con tres chicas.  David cogió dos copas que le sirvió el camarero y se fue hacia allí. Carlos sacó su teléfono y fingió hablar por WhatsApp, poniendo cara de disgusto. Se sentía observado por el camarero. Luego hizo ver que hablaba por teléfono, poniendo cara de enfado y gesticulando mucho con la mano izquierda, haciendo ver que estaba contrariado; aparentó colgar airadamente y se acercó a la barra. La música, una machacona e insufrible música electrónica, no estaba muy alta.
-Hola amigo-le dijo Carlos al camarero-Como son las mujeres…he quedado aquí con una chica que conocí ayer en el gimnasio, y ahora me dice que va a tardar media hora. Joder, porque está muy buena, que si no se iba a ir a la mierda-Carlos esperaba no haberse equivocado al juzgar al camarero, porque necesitaba hacer buenas migas con él. Había aprendido con los años a juzgar a las personas por su apariencia, y rara vez se equivocaba
-Si, las tías son la hostia. ¿Y dices que la conociste en el gimnasio? ¿en cuál?-preguntó el camarero con gesto suspicaz.
-En El Dragón de Bronce-era el gimnasio de David.
-Si, lo conozco, las tías que van ahí están muy buenas, y son bastante guarras, así que yo que tú la esperaría-el camarero soltó una carcajada. Carlos le había calado a la perfección, el típico chulo que piensa que las mujeres son sólo carne a la que tirarse- ¿Qué te pongo? Invita la casa.
-Gracias tío, ponme un Red Bull con vodka-era lo que había pedido David.
Carlos cogió su copa y se fue a una esquina oscura. La luz no era muy buena, iba a tener que esforzarse para conseguir unas buenas fotos sin usar el flash. David y otros tres chicos estaban hablando con su copa en la mano, mientras las cuatro chicas bailaban en una especie de tarima.
Carlos decidió que era hora de poner el micrófono. Al lado de la mesa junto a la que estaba el grupo había una columna. Pretextando ir al baño, pasó por su lado, y apoyándose en ella para esquivar a un tipo que bailaba, pegó el diminuto micrófono a la altura de su cabeza. Por suerte la columna era oscura y no se veía. El receptor, un aparato que imitaba a un teléfono móvil, estaba en su bolsillo, y podía grabar hasta tres horas de conversación en formato MP3. Cuando volvió del baño se fijó en que David había cogido su bolsito, y lo estaba abriendo. Estaba claro que contaba con la anuencia de los dueños del bar, porque no trataba de esconderse para pasar su mercancía. No había tiempo que perder. Carlos se situó junto a la máquina de tabaco, e hizo ver que iba a usarla, pero de repente metió la mano en el bolsillo y sacó su móvil, junto con la mini cámara, que camufló lo mejor que pudo entre sus dedos y el teléfono. Ya había hecho eso más veces, y sabía cómo ponerla para que no se viera. Empezó a fingir que tecleaba con el móvil, poniéndolo a la altura necesaria para captar a su vigilado. David estaba tan concentrado sacando su mercancía del bolsito que ni se percató de la presencia de Carlos. Sacó varias fotos, y se dio de nuevo la vuelta hacia la máquina de tabaco. Unos segundos después se volvió a girar y lanzó otra ráfaga de fotos, mientras David le entregaba a uno de los tres chicos que le acompañaban unos frasquitos transparentes, dándole este a cambio unos cuantos billetes. Ariadna se acercó a David con la intención de besarle, pero este la apartó de un empujón. Sacó unas tabletas de pastillas y se las dio a otro de sus acompañantes, cogiendo el dinero que este le tendía. Ya tenía suficientes fotos, así que Carlos decidió volver a su esquina para no levantar sospechas.
Esperaría unos cuantos minutos más, para obtener al menos quince de grabación, y se marcharía. Mientras esperaba vio como David se acercaba al camarero, y sin decirle nada, le pasó unos cuantos billetes chocándole la mano, para volver después a su sitio.
Era hora de irse. Carlos volvió al baño, recuperó su micrófono, y tras acercarse al camarero para decirle que su chica le esperaba fuera, salió a la calle y se dirigió a su coche. La noche había sido buena, pero estaba muy cansado y hambriento. De la que iba a por su coche se compró un kebab en un local de la plaza mayor, y con la sensación del trabajo bien hecho se fue a su casa.
(CONTINUARÁ)

No hay comentarios:

Publicar un comentario