XXXV
El tal Adriano Ferreira no era otro que el
hombre que acompañaba a Enésimo de Gea el día anterior, cuando este se había
reunido con Rafael Fuentes en San Marcos. <<Pero esto es muy
gordo>>, se dijo Carlos en voz baja. Un día antes de que se celebrase la
subasta de deuda en su País el Presidente del Banco Central de Portugal estaba
en España, reuniéndose con uno de los hombres más poderosos e influyentes de
toda Europa, que se dedicaba a especular con deuda soberana, incluida la deuda
portuguesa, que tenía acciones en multitud de empresas portuguesas, parte de
las cuales vendería al día siguiente sin previo aviso…Si esto olía mal antes,
ahora apestaba. Lo primero que se le pasó a Solares por la cabeza es que
Enésimo de Gea contaba con información privilegiada, y de primera mano, ni más
ni menos que de la tercera persona con más poder en relación a la economía
portuguesa, tras el Presidente del Gobierno y el Ministro de Economía. Pero la
tesis de la información privilegiada no explicaba nada más que la venta de
acciones, y ni siquiera eso, porque la bolsa lusa no se desplomó ese mismo día
tras la subasta de deuda, sino que las fuertes pérdidas habían tenido lugar en
el mismo momento de la apertura, y justamente a causa de la venta de las
acciones por parte de las empresas de Enésimo de Gea. Nada parecía tener
sentido; ¿sería una simple coincidencia? No, era imposible. Carlos sabía que
había un nexo, aunque era incapaz de encontrarlo entre esa maraña de datos
financieros.
Buscó información sobre Adriano Ferreira. Era
un hombre de mediana edad, Licenciado en Economía por la Universidad de Oporto.
Había ocupado varios cargos de naturaleza política antes de ser elegido como
Presidente del Banco de Portugal. Al parecer, su conducta al frente de la
entidad era clara y recta; no había nada sospechoso.
Aunque su reunión con de Gea era de lo más
dudosa. Es cierto, pensaba Carlos, que los personajes poderosos suelen mantener
reuniones con otros personajes poderosos, es lo natural. Pero Enésimo de Gea
era un personaje oscuro; parecía ser vox
populi que sus negocios no eran del todo legales, por lo que su reunión con
Adriano Ferreira era, cuanto menos, sospechosa, y más teniendo en cuenta como
se habían desarrollado los hechos esa mañana.
<<Esto me supera, es algo muy grande y
complicado para mi>>, se dijo Solares. Decepcionado ante la magnitud de
la empresa que tenía delante, decidió apagar el ordenador y llamar por teléfono
al sacerdote de Imaginio de la Falsaria para comenzar cuanto antes a buscar la
reliquia perdida. Tras unos minutos de conversación telefónica ambos pactaron
una cita en persona para aquella misma tarde.
Carlos necesitaba airear sus ideas, así que
decidió bajar al bar a tomar un café y después ir a dar un paseo. Cuando se
disponía a salir por la puerta de la oficina entraba María.
-Bueno, ya está ingresado el dinero- dijo la
socia de Solares con animosidad.
-Bien ¿nos habían pasado algún recibo?
-Si, el del teléfono e internet. Teníamos un
descubierto de quince euros. ¿Hablaste con ese buen hombre?
-Si, hemos quedado para esta tarde. Ahora voy
a dar un paseo porque necesito pensar- Carlos se dio la vuelta dispuesto a
salir de la oficina.
-¿Y en que necesitas pensar, si se puede
saber?- le preguntó María a su socio.
-En varias cosas, pero sobre todo en lo de
Rafael Fuentes y Enésimo de Gea. Si si, ya sé que eso no te interesa, pero sé
que hay algo turbio, y que me parta un rayo si no lo descubro- Carlos se
adelantó a María- Si, ya sé que no me pagan por ello. No te preocupes, no
desatenderé mis obligaciones. Digamos que es un hobby, igual que tu hobby es el
cotilleo.
-Oye guapito, sin faltar, que yo no soy una
cotilla. Simplemente me entero de cosas porque escucho a la gente.
-Ya claro-Solares sonrió sarcásticamente-. Me
marcho. Por si después no vengo por aquí, te veo por la tarde, o mañana.
-Adiós Carlitos.
(CONTINUARÁ)
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