XIII
Unos leves puñados de luz invernal se colaban a través de las rendijas de las persianas de la oficina. Eran las nueve de la mañana y Carlos estaba tumbado en el pequeño sofá marrón que en tantas ocasiones le había hecho las veces de cama. Se había pasado la noche revisando la documentación sobre Enésimo de Gea que le había proporcionado María, y había conseguido hacerse una idea bastante aproximada del inmenso poder, no sólo económico, que aquel tenía.
Carlos abrió los ojos, y aunque un tanto entumecido, se sentía descansado. Hacía mucho tiempo que no dormía bien, pero si se quedaba en la oficina solía quedarse traspuesto unas cuantas horas seguidas. Se quitó la manta de encima de un manotazo, estiró con garbo sus articulaciones, y se quedó boca arriba en su camastro pensando en de Gea.
Enésimo de Gea era un hombre de cuarenta y tres años, apuesto, de pelo moreno en el que las canas comenzaban a advertirse, aunque no intentaba disimularlas. Era el hijo mediano de una familia de agricultores de un pueblecito de Valencia, que consiguió licenciarse en Administración y Dirección de Empresas con unas notas excelentes. Comenzó pronto su andadura empresarial, fundando unos cuantos negocios ruinosos que sólo le habían proporcionado deudas. Tras un lapso temporal de unos tres años, en los que al parecer nadie sabe a que se dedicó, ya en1996, fundó una empresa de inversión en obras de arte, cuya sede estaba en Madrid, ciudad en la que reside desde entonces. Dicha empresa, llamada Arte Co, captaba fondos de inversores, siempre de carácter privado, para comprar obras de arte de todo tipo, y especular con ellas tanto en subastas de carácter internacional como en bolsa. Arte Co prometía a sus inversores unos beneficios del 50% respecto al capital invertido. En menos de dos años la empresa de de Gea ganó más de seiscientos millones de pesetas. Todo parecía legal y correcto, pero Arte Co resultó ser una estafa piramidal destapada por un importante periódico español, cuyo director fue engañado también, en la que cientos de pequeños inversores perdieron parte de sus ahorros. La justicia embargó todos sus bienes, y recuperó gran parte del dinero que había ido a parar a diversas cuentas en Suiza, logrando devolver casi todo lo estafado a sus confiados socios. De Gea estuvo dos años y medio en prisión.
Tras salir de la cárcel se volvió más cuidadoso. Había estado bajo sospecha en numerosas ocasiones, como presidente del consejo de administración de varias empresas y de un par de bancos modestos, pero ni la policía ni la justicia pudieron probar nada ilegal, aunque estaba claro que lo había.
En 2006 Enésimo de Gea despegó definitivamente en su meteórica ascensión al Olimpo de los grandes empresarios de éxito, no sólo a nivel nacional, sino en gran parte de los países del entorno de España, así como en Estados Unidos. Ese año fundó un par de fondos de inversión, Invertia 2000 y Destina Forum, con un capital inicial de varios cientos de millones de euros, que se dedicaron durante los años de bonanza económica en España a especular tanto con divisa como, y sobre todo, con inmuebles. Gracias a los pingües beneficios obtenidos con estos fondos de inversión, cuyo accionariado mayoritario estaba en sus manos y en la de sus acólitos, compró numerosas empresas de todo tipo, unas en estado de concurso, y otras que funcionaban perfectamente y reportaban grandes beneficios. Aunque en mayor medida se dedicó a adquirir empresas de construcción e inmobiliarias. Era extraño pero durante esos años no había creado ex novo ninguna empresa, salvo Invertia 2000 y Destina Forum.
(CONTINUARÁ)
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