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jueves, 18 de abril de 2013

SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.


XXXII

María abrió la puerta de la oficina y se sentó frente a su ordenador. Carlos, por su parte, se levantó para esperar a su clienta. Al poco entró Mercedes. Era una mujer de unos cuarenta años, rubia, alta y de figura estilizada. Aunque en su rostro se marcaban algunas arrugas de expresión, aun era hermosa, y debía haberlo sido mucho más en su juventud. Es normal que un hombre como Rafael Fuentes se hubiese fijado en ella. Lucía un abrigo de piel, unos zapatos de tacón alto y un pantalón ajustado de color marrón oscuro, a juego con una americana de tonos tostados. Se quitó lo que en otro tiempo fueron un buen número de hurones y se lo tendió a Carlos con gesto autoritario, para que lo colgase en el perchero.
-Si haces el favor, que quede bien estirado, no quiero que se estropee- Mercedes miró a María levantando ligeramente la cabeza a modo de saludo, mientras que esta se dio la vuelta y empezó a aporrear con saña su inocente teclado.
-Buenos días-le dijo Carlos tratando se sonreír mientras depositaba el abrigo en un gancho del perchero-. Si te apetece tomar un café o una infusión- su interlocutora le cortó con gesto impaciente.
-Vamos al grano, tengo muchas cosas que hacer esta mañana, mi tiempo es muy valioso- Mercedes miró a Carlos instándole a empezar.
-Está bien, como gustes. Siéntate aquí, por favor-. Carlos le señaló una silla frente a su mesa, que la esposa de Rafael Fuentes ocupó no sin antes pasarle por encima un pañuelo que sacó de su bolso. María la miraba con cara de asco.
Tras poco menos de media hora de explicaciones Carlos dejó de hablar, preguntándole a Mercedes si quería hacer alguna pregunta. Dado que esta le hizo saber que todo estaba claro, Carlos sacó de su cajón el talonario de facturas, y arrancando una que ya había rellenado previamente, se la puso delante a su interlocutora.
-Pues bien, esto es lo que habíamos pactado- Carlos se quedó mirando fijamente a Mercedes.
-Perfecto- dijo ella mientras sacaba un sobre blanco de su bolso con el emblema de un banco-. Con esto ese cabrón no tendrá más remedio que darme lo que le pida-. Mercedes apretaba los dientes.
-Si no te importa me gustaría hacerte una pregunta- dijo Carlos.
-Tengo prisa, así que…- Mercedes miró con impaciencia su reloj de oro.
-No será nada. ¿Conoces a Enésimo de Gea?- Ella soltó una carcajada.
-Pues claro que le conozco, es el jefe de mi futuro exmarido. Otro despojo de mierda presuntuoso como Rafael. ¿Sabes? una vez me tiró los tejos en una fiesta; se me acercó y me dijo que si me acostaba con él me daría lo que yo le pidiese- Mercedes volvió a reírse-. Lógicamente le dije que no, porque quería a mi marido. Aunque ahora me arrepiento;  ese si que habría sido un buen braguetazo.
-Es que le he visto con Rafael estos días, aunque sé que él no vive aquí- añadió Carlos.
-Claro que no vive aquí, pero viene muy a menudo, porque Rafael dirige desde aquí parte de sus chanchullos- Mercedes volvió a mirar el reloj.
-¿Chanchullos?- preguntó Carlos con la intención de sonsacarle algo.
-Tengo que irme, he quedado con mi abogado y ya llego tarde-. Se levantó de su silla y se colocó frente al perchero.
Comprendiendo que no le sacaría nada más, Carlos se levantó, y captando que su visitante pretendía que le cogiese el abrigo y le ayudase a ponérselo, lo hizo con resignación. No se puede desairar a un cliente, nunca sabes a quien te puede recomendar. Tras despedirse de la futura exmujer de Rafael, Carlos cerró la puerta y se sentó en el sofá.
-Que tipa más odiosa- dijo María dejando escapar un gruñido de disgusto-. Casi compadezco a su marido.
-No te engañes, ella es una arpía, pero él también es un pájaro de aupa. No sé a quien le confiaría mi vida- Carlos se había tumbado-. Bueno, esto ya está acabado, por ahora. Cuéntame en que consiste nuestro nuevo caso.
(CONTINUARÁ)

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