XXXII
María abrió la puerta de la oficina y se sentó
frente a su ordenador. Carlos, por su parte, se levantó para esperar a su
clienta. Al poco entró Mercedes. Era una mujer de unos cuarenta años, rubia,
alta y de figura estilizada. Aunque en su rostro se marcaban algunas arrugas de
expresión, aun era hermosa, y debía haberlo sido mucho más en su juventud. Es
normal que un hombre como Rafael Fuentes se hubiese fijado en ella. Lucía un
abrigo de piel, unos zapatos de tacón alto y un pantalón ajustado de color
marrón oscuro, a juego con una americana de tonos tostados. Se quitó lo que en
otro tiempo fueron un buen número de hurones y se lo tendió a Carlos con gesto
autoritario, para que lo colgase en el perchero.
-Si haces el favor, que quede bien estirado,
no quiero que se estropee- Mercedes miró a María levantando ligeramente la
cabeza a modo de saludo, mientras que esta se dio la vuelta y empezó a aporrear
con saña su inocente teclado.
-Buenos días-le dijo Carlos tratando se
sonreír mientras depositaba el abrigo en un gancho del perchero-. Si te apetece
tomar un café o una infusión- su interlocutora le cortó con gesto impaciente.
-Vamos al grano, tengo muchas cosas que hacer
esta mañana, mi tiempo es muy valioso- Mercedes miró a Carlos instándole a
empezar.
-Está bien, como gustes. Siéntate aquí, por
favor-. Carlos le señaló una silla frente a su mesa, que la esposa de Rafael
Fuentes ocupó no sin antes pasarle por encima un pañuelo que sacó de su bolso.
María la miraba con cara de asco.
Tras poco menos de media hora de explicaciones
Carlos dejó de hablar, preguntándole a Mercedes si quería hacer alguna
pregunta. Dado que esta le hizo saber que todo estaba claro, Carlos sacó de su
cajón el talonario de facturas, y arrancando una que ya había rellenado
previamente, se la puso delante a su interlocutora.
-Pues bien, esto es lo que habíamos pactado-
Carlos se quedó mirando fijamente a Mercedes.
-Perfecto- dijo ella mientras sacaba un sobre
blanco de su bolso con el emblema de un banco-. Con esto ese cabrón no tendrá
más remedio que darme lo que le pida-. Mercedes apretaba los dientes.
-Si no te importa me gustaría hacerte una
pregunta- dijo Carlos.
-Tengo prisa, así que…- Mercedes miró con
impaciencia su reloj de oro.
-No será nada. ¿Conoces a Enésimo de Gea?-
Ella soltó una carcajada.
-Pues claro que le conozco, es el jefe de mi
futuro exmarido. Otro despojo de mierda presuntuoso como Rafael. ¿Sabes? una
vez me tiró los tejos en una fiesta; se me acercó y me dijo que si me acostaba
con él me daría lo que yo le pidiese- Mercedes volvió a reírse-. Lógicamente le
dije que no, porque quería a mi marido. Aunque ahora me arrepiento; ese si que habría sido un buen braguetazo.
-Es que le he visto con Rafael estos días,
aunque sé que él no vive aquí- añadió Carlos.
-Claro que no vive aquí, pero viene muy a
menudo, porque Rafael dirige desde aquí parte de sus chanchullos- Mercedes
volvió a mirar el reloj.
-¿Chanchullos?- preguntó Carlos con la
intención de sonsacarle algo.
-Tengo que irme, he quedado con mi abogado y
ya llego tarde-. Se levantó de su silla y se colocó frente al perchero.
Comprendiendo que no le sacaría nada más,
Carlos se levantó, y captando que su visitante pretendía que le cogiese el
abrigo y le ayudase a ponérselo, lo hizo con resignación. No se puede desairar
a un cliente, nunca sabes a quien te puede recomendar. Tras despedirse de la
futura exmujer de Rafael, Carlos cerró la puerta y se sentó en el sofá.
-Que tipa más odiosa- dijo María dejando
escapar un gruñido de disgusto-. Casi compadezco a su marido.
-No te engañes, ella es una arpía, pero él
también es un pájaro de aupa. No sé a quien le confiaría mi vida- Carlos se
había tumbado-. Bueno, esto ya está acabado, por ahora. Cuéntame en que
consiste nuestro nuevo caso.
(CONTINUARÁ)
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