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martes, 9 de abril de 2013

SOLARES, INVESTIGADOR PRIVADO.

XX

Carlos quería ver las fotos y escuchar el audio, pero estaba terriblemente cansado, así que decidió echarse unas horas. A eso de las ocho del sábado se despertó, se preparó un café con leche, cogió un par de bollos rellenos de chocolate y se puso delante del ordenador. 
En primer lugar comenzó con las fotos. Sacó la micro tarjeta de la cámara, la metió en  el puerto de lectura y empezó a mirar las instantáneas una a una. No eran unas fotografías muy buenas, pero dadas las circunstancias estaban bastante bien. Muchas estaban borrosas, y algunas desenfocadas, pero por lo menos diez o doce eran lo suficientemente claras para distinguir a David pasando algún tipo de mercancía a cambio de dinero. Decidió no hacerles ningún retoque, simplemente ajustó el tamaño en A4, y las imprimió, colgándolas con pinzas en una cuerda que había instalado en un rincón para que se secasen. Acto seguido se puso con el audio. Conectó el receptor del micrófono al ordenador, y copió la grabación en el disco duro. Abrió el programa WavePad y en primer lugar escuchó la grabación entera, veintitrés minutos y cuarenta y dos segundos. La calidad era mala, y el sonido era muy sucio, pero se escuchaba hablar a David y a sus tres acompañantes. Tras un par de horas de trabajo logró eliminar la mayoría del sonido de fondo, quedando una conversación bastante clara. Entre otras cosas se escuchaba a David hablar de los beneficios de la eritropoyetina o EPO y de la nandrolona, y de que él las vendía más baratas que nadie. Se escuchaba a uno de sus compañeros pedirle 20 de EPO, y decir a David que cada vial costaba 50 céntimos. El otro le pidió tabletas de ECA (Carlos comprobó que eran las siglas de efedrina, cafeína, aspirina, unas pastillas que al parecer absorben la grasa corporal), por lo que David le exigió 30 euros. <<Vaya, no es muy caro esto de las sustancias dopantes. Si este tío saca dinero debe tener muchos clientes>> pensó Carlos.
A eso de las tres de la tarde terminó de editar el audio. Copió varias pistas en su teléfono móvil, metió las fotos en una carpeta marrón y se fue a la cocina a comer. Esa tarde pensaba abordar a David.
A las cinco cogió su coche y se fue al Crucero. Aparcó en la calle Pérez Galdós y tocó al timbre del piso de David, el tercero D. Al segundo timbrazo aquel contestó, pero Carlos no dijo nada; simplemente quería saber si estaba en casa. Nuestro detective se sentó en el portal y esperó pacientemente a que David saliera. Eran las siete cuando este salió por la puerta. Carlos se levantó y lo abordó.
-Espera un poco, pasa al portal-le recomendó. David le miró con cara de ir a partirle la boca-Es por tu bien-Y le empujó dentro, ya que el otro no quería entrar.
-¿Qué es lo que quieres gilipollas?-preguntó David con una mueca de desprecio.
-Tengo un trato que hacerte, y creo que lo vas a encontrar de lo más justo. Quiero que llames a Sara y le pidas perdón por todo lo malo que le has hecho, quiero que le vendas tu parte del bar, y quiero que la dejes en paz para siempre-Carlos estaba tranquilo.
-¿Ah si? ¿y me vas a obligar tu, puta mierda?-David agarró por el cuello a Carlos y lo empujó contra la pared.
-Antes de decidir mira estas fotos-Carlos de dio la carpeta marrón. David la abrió y empezó a pasar las fotos una a una. Su pose de gallito cambió y su tez palideció.
-¿Qué es esto? ¿me has espiado?-preguntó confundido.
-Elemental-respondió Carlos con una sonrisa malévola mientras sacaba el móvil del bolsillo-Y no sólo tengo fotos-Carlos comenzó a reproducir las ocho pistas que había grabado.
-Hijo de puta-Dijo David entre dientes mientras se escuchaba. Miró a Carlos con todo el odio que le permitía su alma.
-Espero que reconsideres el trato. Si haces lo que te pido yo no hago llegar estas pruebas de que traficas con sustancial ilegales a la policía. Y por si piensas hacer una estupidez, que sepas que he repartido copias a varios amigos con instrucciones de hacerlas llegar a las autoridades en el caso de que me pase algo-Era mentira, pero él no lo sabía-Está claro que Sara ya no te interesa, así que déjala en paz y sigue con tu vida. Tienes hasta el lunes a las diez de la mañana para aceptar el trato. De lo contrario irás a la cárcel entre tres y nueve años. Cuando le hayas vendido tu mitad del bar yo destruiré las copias y olvidaremos el asunto.
-¿Y cómo sé que vas a destruirlo?-David había perdido toda su bravura.
-No lo sabrás, tendrás que fiarte de mí. Y no se te ocurra contarle nada a Sara. El lunes a las diez iré al bar, y espero que ella me cuente que le has llamado. Quédate las fotos, tengo más.
Carlos salió del portal, dejando a David en un estado de patética  postración. Se fue hacia su coche y esperó hasta que le viese salir, pero tras cinco minutos no lo hizo, así que entró en su Ford y se fue a casa.
María había escuchado asombrada el relato de Carlos.
-Vaya chaval, un trabajo sin igual. Hiciste muy bien, aunque creo que estuviste a punto de que te dieran una paliza-María se levantó.-Creo que deberías contarle a Sara lo que hiciste, se lanzaría a tus brazos-le guiño un ojo
Carlos la miró, con ojos tristes, y se levantó también.
-Cállate, nunca lo sabrá.
(CONTINUARÁ)

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