VI
Con este pensamiento en la cabeza dio por terminado su ágape, y recostándose en la silla, entrelazando las manos por detrás de la cabeza, se estiró y emitió un ahogado bostezo. En la mesa de al lado estaba posado un periódico; aunque acostumbraba a leer un par todos los días, uno local y otro nacional, hoy no había tenido tiempo de hacerlo, así que este era un momento propicio. Sin levantarse se estiró cuanto pudo, y con las puntas de los dedos agarró el diario y lo posó delante. El papel de los periódicos siempre le recordaba al papel higiénico que había en el internado en el que estudió, gris y áspero. Era el Diario de León. Echó un rápido vistazo a la portada. La principal noticia aludía a la venta de varios edificios propiedad del Ayuntamiento a un consorcio de empresas de ámbito nacional, y en la fotografía que ilustraba la firma del acuerdo aparecían el Concejal de Urbanismo, Alfredo Quiñones, el líder de la oposición, Javier Anta, entre otros políticos, y el hombre al que Carlos había visto esa mañana junto al Concejal y Rafael, un tal Enésimo de Gea, gestor de la agrupación empresarial que había adquirido los inmuebles. El acuerdo se había firmado ayer, a las 12 de la mañana, y consistía en la venta de siete edificios que pertenecían a la ciudad de León por una suma de 3,2 millones de euros, dinero que pretendía reducir el déficit presupuestario del Consistorio. Era mucho dinero, en opinión del Diario, pero a Carlos no se lo parecía, máxime teniendo en cuenta que la gran mayoría de edificios estaban en el centro y en la zona antigua de la ciudad. De pronto una bombilla se iluminó en la cabeza de Carlos, aunque aun no sabía muy bien lo que estaba alumbrando. Cogió el teléfono, que tenía posado a su diestra, y llamó a María, con la esperanza de que estuviera en la oficina todavía. Tras cinco tonos su compañera contestó:
-Dime jovencito ¿qué deseas? voy camino de mi casa.
-Hola. Esperaba que estuvieras en la oficina- Dijo Carlos decepcionado.
-Algunos tenemos vida ¿sabes?- María sonaba irónica a más no poder.
-Cállate, no me machaques- respondió Carlos alegremente- Necesito que busques toda la información que puedas sobre un tal Enésimo de Gea.
-¿Es el amante del tipo al que estás siguiendo? eso si que sería gordo.
-No, ni mucho menos, no tiene nada que ver con el caso. Bueno, no directamente. Ya te contaré esta tarde, pero tengo una corazonada- Carlos se mostraba taciturno.
-Tu y tus corazonadas ¿recuerdas aquella vez que…?-Carlos la cortó en seco.
-Si, me acuerdo de todas las veces que he tenido una corazonada y luego resultó que no pasaba nada. Pero ahora creo que hay algo, y el tipo al que estoy siguiendo está implicado.
-¿Y van a pagarnos algo por esta investigación?- preguntó María, que ya conocía la respuesta.
-María, por favor…-Carlos se mostraba suplicante.
-Eres un zalamero, y siempre me convences. Te veo a las cinco, y espero que me cuentes lo que te traes entre manos.
Ambos se despidieron. Carlos dejó de nuevo el teléfono a su lado y siguió leyendo el periódico.
(CONTINUARÁ)
Qué grande eres, Jose. Nada tienes que redondear: estilo claro, ágil, distendido. Vocabulario nada rebuscado. Tu ironía novelada es un placer inefable, sólo comparable a la que destilas en charlas personales. Una historia que se hace más interesante a cada paso. Un personaje al que ya se le ha cogido cariño. Y otro, si me permites, cuya animadversión resulta relativamente familiar. Sumarás adeptos a tutiplén. Y espero que no menos adeptas. Éxito asegurado :-)
ResponderEliminarUn abrazo
Gracias Javi, me he sonrojado un poquito. Siempre se agradece que la gente lea lo que uno, humildemente, escribe. Pero si eres tu el que lo lee, y si además te gusta, pues tanto más contento por ello (sé que tu adulación es sincera, a pesar de los muchos fallos y carencias que tiene la historia, sobre todo en los primeros capítulos, en los que aun no les había cogido la sobaquera a los personajes)
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